"Hice la Revolución y lo pagan quemando mi casa", el grito de un sandinista

Julio 11 2018, 16:53
Ser artesano y revolucionario no lo salvó de que su casa en Masaya, Nicaragua, fuese quemada en represalia porque su hijo protesta contra el gobierno de Daniel Ortega. Al presidente le manda un mensaje: "el verdadero sandinista y revolucionario no reprime a su pueblo"
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NICARAGUA
(Imágenes Efe)

Wilfredo Suazo tiene 73 años, muchos de los cuales se los entregó a la Revolución Sandinista de Nicaragua a cambio de nada, pero hoy ve cómo los que un día fueron sus compañeros han quemado su casa porque su hijo lidera las protestas que han estallado contra el presidente Daniel Ortega.

"Parece que la intención era acabar con la familia pero teníamos dos días de estar con el vecino viviendo y por poquito nos quedamos ese día del incendio", comenta a Efe en la puerta de su hogar, en Masaya, del que apenas quedan en pie los muros.

La tragedia es doble para Suazo y su familia, su hogar no era solo su residencia, era también el taller donde hacía sus reputadas hamacas, premiadas en todo el mundo, y la tienda en la que las vendía.

Una triple tragedia de la que sólo le queda un consuelo: él y su familia se salvaron; de su hijo de momento no sabe nada, según afirma.

"Aquí vivimos tres personas, mi hermano con un derrame (cerebral), mi señora y yo con 73 años, no sé cómo habríamos reaccionado de estar aquí", asegura el artesano y revolucionario.

Además, según le han contado los vecinos, alrededor de la casa se congregaron "militares y paramilitares armados hasta los dientes".

Son los mismos que recorren las calles de Masaya, a unos 30 kilómetros de Managua, que se ha convertido en el emblema del levantamiento popular contra Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo.

Allí, unidos a policías y parapolicías en lo que se ha dado en llamar "fuerzas combinadas", han asolado la ciudad y arrasado con los manifestantes en una protesta en que han sido asesinadas al menos 310 personas en todo el país.

Sin embargo, poco pensaba un revolucionario de los de antaño, de los irredentos como Suazo, que él sería víctima de semejante represión.

"Ellos querían terminar con mi familia para vengarse de mi hijo, que anda en este movimiento", asegura antes de explicar que su vástago milita en el movimiento 19 de abril que aglutina a opositores de todo pelaje.

Y agrega: "parece que el pecado para el Gobierno (de Ortega) es que uno diga que quiere paz, libertad, democracia y justicia social y esto es lo que parece que ha provocado la ira de la familia en turno gobernando".

Ahora, se siente arrepentido de "haber ayudado y trabajado por una revolución", al frente de la cual asegura que "pusieron" a Ortega.

A través de las cámaras de Efe aprovecha y le manda un mensaje directo al presidente nicaragüense: "si alguna vez fue sandinista y, si acaso fue revolucionario, que revise esos documentos (que dicen que) el verdadero sandinista y revolucionario no reprime a su pueblo, sino que da la vida por su pueblo".

"La revolución era para servir al pueblo, no a una familia", dice Suazo como si dilapidara a Ortega mientras recuerda sus tiempos en el Comité de Defensa Sandinista (CDS) y al frente del equipo de béisbol de su localidad, Las Fieras de San Fernando.

Lo que queda de su casa se yergue a la sombra del estadio, en el barrio de San Juan, donde las barricadas comienzan a desaparecer mientras los manifestantes se repliegan hacia el barrio indígena de Monimbó y refuerzan sus trincheras ante un posible ataque de los orteguistas.

Sin embargo, Suazo habla sin rencor, calmado y con la tez curtida por el sol mientras a su alrededor familiares y amigos trabajan sin descanso para intentar limpiar las cenizas que todavía sobrevuelan todavía por su casa.

"El rencor es de cobardes, de aquel que es resentido, del que es reprimido, no tenemos odio ni rencor, no tenemos sentimientos de venganza. No quiero que le pase a nadie, quiero que haya una reflexión y esto cambie: incluso que Dios y el pueblo los perdonen por lo que han hecho", concluye Suazo.

Gonzalo Domínguez Loeda / EFE

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